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martes 31 de marzo de 2009

El 80% de las mujeres presas ha sido víctimas de maltrato

Los/as expertos/as afirman que haber sufrido violencia machista es clave "en la trayectoria del delito"

Las reclusas tienen ante sí tres viñetas. Inicio, nudo y desenlace. La trama es sencilla: una pareja que empieza con pasión y acaba en tragedia. "
Ahora tenemos que poner en orden el cómic", dice Laia Tomàs, la psicóloga que conduce el taller Mujeres de hoy en la cárcel de Wad-Ras de Barcelona. El objetivo del curso es que las internas aprendan a identificar y a prevenir situaciones de violencia de género.

Según el estudio
Violencia contra las Mujeres, análisis en la población penitenciaria femenina, realizado por la Fundación SURT en 2005 el último que hay en España de estas características, el 80% de las mujeres reclusas ha sufrido en algún momento de su vida violencia de género.



En el conjunto de la sociedad española, esta cifra está
en torno al 12%. El informe de la Fundación SURT también sostiene que, a menudo, son mujeres con relaciones familiares degradadas donde los vínculos se establecen a partir del control y la violencia.
Las internas asumen el rol de únicas "cuidadoras" de sus hijos

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Hay que tener en cuenta que las personas con un nivel cultural bajo tienen más dificultades para cuestionarse los roles [hombre/mujer]", afirma la politóloga de SURT, Mar Camarasa. Y explica que, a diferencia de los hombres presos, las reclusas asumen el papel de "cuidadoras" y, por lo tanto, cuando ingresan en prisión "tienen sentimiento de culpa" por no poder hacerse cargo de los hijos o porque se ven obligadas a criarlos en el interior de un centro penitenciario.

El taller continúa y las mujeres explican qué ocurre en cada viñeta. "
El hombre es un cabrón, la trata súper mal, le dice: ¡Qué mal hueles! Y luego: ¡Qué bueno soy contigo!", exclama una mujer latinoamericana. Las demás escuchan. "Ella piensa que algún día lo hará todo bien", cuenta la educadora, "pero ese día nunca llega, ¿verdad?". Habla de la mujer del cómic, pero María todos los nombres de este reportaje son falsos pone los ojos en blanco. Tiene el cabello rizado y los ojos grandes. "Parece tu historia", le dice una compañera. María asiente.

En el pasillo, a través del cristal de la puerta, alguien hace señas. Una mujer se levanta y abandona la clase. Tiene prisa. "
Perdón, perdón", se disculpa al salir de la habitación.
"
Algunas acaban delinquiendo por miedo o coacciones de su pareja"

"
La mayoría de mujeres que están en prisión han padecido violencia de género y, sin embargo, no hay ningún programa generalizado [para combatirla], sólo experiencias aisladas", afirma Camarasa. En 2007, la Generalitat de Catalunya, que tiene las competencias en materia penitenciaria, decidió poner remedio a esta situación y, bajo la tutela del proyecto europeo Dafne, puso en marcha un taller piloto en la prisión de Can Brians. La experiencia fue bien y actualmente estos talleres se imparten también en Wad-Ras.

Violencia y delito

En las cárceles del resto de España no hay cursos específicos de prevención de violencia de género y la materia se imparte junto a otras. "Empezamos a abordar el tema en el curso de salud porque notábamos que salía aunque no quisiéramos", recuerda la médico Loli Narváez, de la prisión de Alcalá de Guadaira, en Sevilla.

No hay estudios que demuestren la conexión directa entre haber sufrido violencia de género e infringir la ley, sin embargo, "la violencia es un factor clave en la trayectoria del delito", señala Camarasa. Lo mismo opina la subdirectora general de Tratamiento y Gestión Penitenciaria del Ministerio del Interior, Concepción Yagüe: "Está bastante difundido que hay una relación entre lo uno y lo otro".

Camarasa detalla cómo afecta la violencia machista en el trayecto previo a la cárcel.
Después de sufrir episodios constantes de malos tratos, algunas mujeres, las menos, acaban agrediendo al maltratador. Otras, por miedo o coacciones, "pasan drogas". Además, cuenta Camarasa, en muchos casos la violencia hace que aumente el consumo de estupefacientes porque las mujeres quieren evadirse, olvidar. También las hay que se van de casa, escapando del agresor y, ante las pocos recursos económicos, deciden delinquir. No en vano, muchas de las mujeres que están en prisión, cumplen condena por su primer delito.

Días de sol y tormenta

Se abre la puerta y la mujer que antes se había marchado con prisas, aparece cabizbaja, llorando. Todas la observan calladas hasta que Tomàs rompe el silencio. "
¿Cómo te ha ido?, pregunta. "Pensé que traían mi libertad. Pero no me dejan ir por riesgo de fuga. ¡Pero si tengo a mis hijos aquí, la vida hecha aquí!", dice. El llanto es desesperado pero intenta concentrarse en el rímel y se enjuga las lágrimas con cuidado, evitando tocar las pestañas. Las otras reclusas la animan. "Tarde o temprano saldremos de aquí y nos reiremos", dice Laura, que lleva piercings por toda la cara y unos pantalones ajustados rojos, parecidos a los que llevaban los punks en los años setenta.

El taller de Wad-Ras no se llama Mujeres de hoy por casualidad. En el nombre no hay ninguna referencia a la violencia machista para que las asistentes no se sientan estigmatizadas por las demás presas. "Sobrevivir allí [en la prisión] es muy duro", afirma Tomàs.

En las cárceles femeninas no se dan muchos casos de violencia física, a diferencia de lo que ocurre en las masculinas, pero la violencia psicológica es utilizada como arma arrojadiza. Por eso, uno de los objetivos de estos talleres es conseguir que las internas entiendan que lo que se explica dentro del aula no debe salir de allí.
En Catalunya se imparten talleres para prevenir estas agresiones

"
Los hijos hacen que aguantes [la violencia machista], lo digo por lo que he visto con mi madre", se justifica Laura. Tiene la cara ancha y parte de la cabeza está rapada. "Ellos siempre dicen que se arrepienten", suelta una mujer. Parece que sabe muy bien de lo que habla. Inicio, nudo, desenlace. Las mujeres ya han ordenado el cómic. La historia la conocen. Principios dulces y finales trágicos. "Esta mujer necesita ayuda externa", constata una de las asistentes. "Es que al final te acostumbras", dice otra.

Las frases se suceden entrecortadas. No es fácil hablar. Y, sin embargo, María, tras un suspiro, reconoce que lo tiene claro, que ella "
nunca más", que no confía en la justicia y que lo mejor es cambiar de ciudad y de nombre. "Yo soy mi protección", concluye.

"
Hay que diferenciar entre un conflicto en la pareja y un maltrato", relata Tomàs. Sostiene una cartulina que ha ido recortando a lo largo de la clase. Hay tres dibujos que se repiten dentro de un círculo: un sol, una nube y una tormenta. Así es una relación con un maltratador: un círculo con besos y golpes. "¿Puede haber sólo sol?", pregunta Tomás, y antes de que pueda continuar, una de las mujeres responde que a ella le gustaría "tener sólo sol" aunque sabe mucho de tormentas. Una vez tuvo que escapar de su casa porque su marido quería matarla. Más tarde, el agresor la convenció para volver pero las amenazas no tardaron en aparecer y ella tuvo que huir a toda prisa.

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Las épocas de sol cada vez duran menos", sentencia Tomàs. La clase ha terminado pero antes de que todas se vayan, Laia reparte corazones de papel y besos.

Equipo de Investigación.
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co.

Las agresiones sexuales crecieron un 28,3% en Madrid el pasado año, mientras que la violencia de género bajó un 5%

Las agresiones sexuales perpetradas en la Comunidad de Madrid el pasado año aumentaron un 28,3 por ciento, mientras que la violencia cometida contra las mujeres se redujo un 5 por ciento, según los datos que recoge la Memoria de la Fiscalía de la Comunidad de Madrid de 2008.

El fiscal jefe de Madrid, Eduardo Esteban Rincón, presentó hoy las cifras correspondientes al trabajo realizado en 2008 por los 178 juzgados de la región que se canaliza a través de la Fiscalía de Madrid y de sus sedes territoriales. Esteban Rincón valoró de forma "positiva" los datos de violencia machista, si bien no se atrevió a lanzar "las campanas al vuelo" al considerar que las cifras deben bajar más.

En sintonía con otros años, la presentación de la Memoria del Ministerio Público sirvió de nuevo para expresar las quejas del colectivo, en boca del fiscal jefe, por la dificultad a la que se enfrentan debido "la falta de medios materiales y humanos", una carencia que aqueja a toda la Administración de Justicia.

Según las cifras, la delincuencia entre los adultos en la región creció un 3,7 por ciento en 2008, al denunciarse ante los juzgados 766.153 delitos frente a los 737.153 de 2007. Si unimos a los delitos las faltas cometidas habría un total de 940.000 procedimientos abiertos. Por tanto, en la región se cometieron una media diaria de 2.571 delitos y faltas. El fiscal jefe desvinculó la crisis económica del aumento de la criminalidad.

En cuanto a la distribución de los delitos, la capital acumula el 56,3 por ciento y el resto de la provincia, el 43,7 por ciento. Según el fiscal jefe, estas cifras reflejan, si se comparan con otros años, una disminución en el número de delitos cometidos en la capital y un aumento en la región con motivo del desplazamiento demográfico.

VIOLENCIA DE GÉNERO

Por primera vez, las cifras de violencia de género sufren una reducción de un 5 por ciento, al haberse incoado en 2008 un total de 19.982 procedimientos, entre diligencias previas y urgentes, frente a las 21.147 de 2007. Los asuntos reales que llegaron a los juzgados se sitúan en 16.355, de los que 11.362 entraron a los diez órganos especializados en Violencia de Género de la capital.

En total, se solicitaron 7.428 órdenes de protección, denegándose 2.681. En cuanto a violencia doméstica, que implica a todo el entorno familiar, se incoaron 5.940 procedimientos. En estos casos, hubo 5.940 peticiones de protección, de las que 2.221 se negaron.

Según las cifras de la Memoria de la Fiscalía, las agresiones sexuales son el delito que experimentan un mayor aumento, al denunciarse 1.361 casos frente a los 1.060 de 2007, lo que supone un aumento de un 28,3 por ciento.

DELITOS CONTRA EL PATRIMONIO

Los delitos contra el patrimonio siguen siendo los más numerosos al sumar un total de 383.909 procedimientos abiertos, entre diligencias previas y urgentes. No obstante, la cifra experimenta un retroceso en 19.950 asuntos. Del número total, 161.773 correspondían a hurtos; 96.548, a robos con fuerza; 57.113, a daños; y 31.203, a robos con violencia o intimidación.

Pese a este ingente número de delitos contra el patrimonio, sólo uno de cada 38 robos llegaron a juzgarse en los tribunales madrileños. Esteban Rincón atribuyó esta paradoja a que la mayoría de las víctimas no denuncia las extracciones y, si lo hace, aporta muy pocos datos.

Asimismo, la Memoria recoge el aumento de las causas abiertos relacionadas con los delitos contra las personas, sobre todo los relativos al aborto. En 2008, se incoaron 493 procedimientos por la interrupción voluntaria del embarazo frente a los nueve que se abrieron en 2007.

Esto se debe al gran número de autoinculpaciones que se produjo en el marco de la causa que investiga el juez José Sierra, al frente del juzgado de Instrucción número 47 de Madrid, por las presuntas irregularidades sanitarias cometidas en la clínica abortista Isadora.

En el ámbito de los menores, la Fiscalía incoó un total de 12.870 diligencias preeliminares frente a las 10.676 del año anterior. La mayor presencia fue de hechos contra la propiedad, con 4.976 infracciones cometidas, seguida de robos violentos y robos con fuerza.

Extraído de http://es.noticias.yahoo.com/5/20090318/tso-las-agresiones-sexuales-crecieron-un-d5ab91d_1.html

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El IAJ y el IAM enseñan a jóvenes en Huesca como detectar conductas de control y violentas en las parejas

El Instituto Aragonés de la Juventud (IAJ) y el Instituto Aragonés de la Mujer (IAM) colaboran en la lucha contra la violencia de género desde la prevención, y hoy han celebrado una jornada para profesionales en Huesca.

En su intervención, la directora del IAM, Rosa Borraz, ha sentenciado "que tu novio te llame 20 veces al día, no significa que te quiera mucho, sino que te quiere controlar". Con este ejemplo, Borraz ha destacado la necesidad de enseñar a las personas que trabajan con la juventud, a detectar conductas de control y violentas entre las parejas jóvenes.

La directora del IAM ha precisado que "sabemos que los casos de fuerte control o de celos, existen, los educadores o técnicos de juventud lo están detectando".

Según datos del Instituto de la Mujer, 4 de cada 10 mujeres que denuncian malos tratos, tienen entre 16 y 30 años, y casi el 25 por ciento de las mujeres que mueren a manos de sus parejas o ex parejas se encuentran en esa franja de edad.

La profesora de la Escuela Universitaria de Trabajo y Educación Social Ramón Llull de Barcelona, Anna Berga, ha señalado que debemos hacer un diagnóstico de la violencia y determinar si es un problema, o un síntoma de ese problema. Para ello reconoce que debe estudiarse el contexto en el que se desarrolla esta violencia y, sobre todo, establecer unos indicadores que detecten las conductas precursoras de los malos tratos, como el control sobre la vida de la pareja, o los celos.

En la jornada también ha habido espacio para las experiencias de trabajo para la prevención y detección de conductas machistas y violentas entre jóvenes. La Federación de Asociaciones de Barrios de Zaragoza, junto con la asociación Vínculo, y la Asociación de Mujeres Jóvenes de Navarra, han presentado los talleres de prevención y coeducación que llevan a cabo. Además se ha proyectado el cortometraje que los jóvenes oscenses del Colegio Altoaragón, realizaron sobre violencia de género.

La directora del IAJ, Marta Aparicio, ha recordado que además de apoyar a los jóvenes en momentos tan importantes como la búsqueda de empleo o vivienda, el Instituto colabora con las personas que trabajan directamente con la juventud "porque son ellos quienes detectan sus inquietudes y necesidades, y también sus problemas, como los que puede suponer la violencia machista, una realidad que desgraciadamente existe y contra la que hay que luchar desde las edades más jóvenes".

Por su parte, la directora del IAM, Rosa Borraz, ha afirmado que estaremos avanzando en la lucha contra la violencia de género cuando "los jóvenes se den cuenta de que el hombre no es superior a la mujer, de que ambos tienen los mismos derechos y que deben mantener relaciones igualitarias".

En la jornada han participado más de un centenar de profesionales entre técnicos de juventud, trabajadores sociales, informadores juveniles, educadores y monitores de tiempo libre.

Extraído de http://es.noticias.yahoo.com/5/20090330/tlc-el-iaj-y-el-iam-ensean-a-jvenes-en-h-f6470c9_1.html

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viernes 27 de marzo de 2009

Los educadores critican la falta de un proyecto para menores inmigrantes

Demasiados problemas se solapan a la hora de abordar la cuestión de los menores extranjeros no acompañados. En Euskadi, los entes forales reconocen estar desbordados ante la constante llegada de estos jóvenes inmigrantes y reclaman al Gobierno central que ponga orden y empuje a las demás comunidades a crear recursos para acogerles, alegando que es imposible establecer un proyecto viable sin acotar el número de casos a atender.

El Ejecutivo responde por ahora que las competencias no son suyas, aunque colabora en el caso más crítico, Canarias. Aun así, ninguno de los educadores de centros vascos de acogida con los que ha contactado este periódico en los últimos meses tiene una buena opinión de las políticas desarrolladas por los servicios forales de los tres territorios. Todos coinciden: "No hay un verdadero proyecto educativo".

Hay dos perfiles distintos entre los menores que llegan a la península: jóvenes que escapan de la dureza de las calles de Marruecos -sobre todo de Tánger- y que ya no tienen casi vínculos con su familia; y los provenientes de familias con dificultades económicas que asumen a esa temprana edad el papel de sacar a los suyos adelante emigrando a Europa. Aumentan entre ellos los problemas de equilibrio emocional, salud mental y consumo de drogas. Muchos de los que están enganchados al disolvente, caldo de cultivo perfecto para la comisión de delitos, no reciben ningún tipo de tratamiento. Aunque más del 80% sigue llegando de Marruecos, en los últimos años han aumentado los que proceden de países del África subsahariana.

Los educadores consultados dicen ejercer más de administrativos y vigilantes que de educadores. Critican el enfoque casi humanitario que se ofrece, así como la falta un proceso claro de atención, con plazos establecidos y comprensibles para los menores, que a menudo saltan de centro en centro sin que nadie les explique nada. Los centros de acogida suelen intentar ponerles reglas y horarios, pero dicen carecer de las herramientas para que los cumplan. Guipúzcoa señaló también que se siente atada de manos por la legislación ante los casos más conflictivos: son los jueces los que decretan si un menor debe ir a un centro cerrado, donde la reeducación tiene un procedimiento claro, establecido y alejado de la improvisación.

"Los chavales tienen unos problemas emocionales enormes y ningún tipo de apoyo sentimental. Les damos comida, techo y poco más", explica un educador marroquí que trabaja en uno de los pisos de acogida guipuzcoano: "Diputación no quiere mezclarlos con los autóctonos. Llevamos tiempo pidiéndoselo. Estos chavales son como son, lo último que necesitan es que les juntemos en guetos. Y con que haya uno muy conflictivo en el grupo, arrastra a todos los demás". Guipúzcoa ha detectado un fuerte incremento en la proporción de los menores que incurren en delitos. De los más de 200 tutelados en septiembre pasado, se cifraba en un 10% la proporción de conflictivos, de los cuales un 3% eran considerados "casos perdidos". A finales de enero, fuentes forales cuantificaban en alrededor del 20% la proporción de casos difíciles. Una parte destacable de los delitos cometidos por menores magrebíes en la provincia es atribuible a jóvenes que residen en el sur de Francia.

Ayer, técnicos de la Diputación de Guipúzcoa aseguraron en una reunión con la Fiscalía que la actuación del personal del centro de Deba, donde los menores han denunciado malos tratos ante la justicia, se ajusta a la legalidad vigente, informa Efe. Las denuncias de los educadores tras ser agredidos por los menores son recurrentes, pero nadie supervisa cuándo se dan las "medidas de contención" que la ley permite o si se puede hablar de malos tratos. En los centros sólo están los jóvenes y los trabajadores del centro. La falta de personal adecuado y una sensación de desbordamiento constante repercute en la calidad del servicio realizado por las empresas a las que los entes forales subcontratan la atención. Su profesionalidad varía demasiado para hablar de un modelo homogéneo.

En Vizcaya, Aniceto Prieto (LAB), presidente del comité de empresa de la Diputación, lleva meses afirmando que la estrategia del ente foral consiste en intentar acabar con el efecto llamada privando a los chavales en algunos centros del acceso a recursos que les corresponden por ley, como los cursos de formación profesional. Guipúzcoa, según afirma SOS Racismo y varios educadores consultados, está siguiendo una línea similar con la creación de centros "disuasivos" como el de Deba. En paralelo, los menores saltan de una comunidad autónoma a otra sin que se haya determinado si esta movilidad es fomentada desde las instituciones o si son iniciativas puntuales de educadores que les pagan el billete. En todo caso, es una práctica habitual que vayan de un sitio a otro sitio a empezar de cero una y otra vez. Y nadie, Diputaciones incluidas, hace nada para impedirlo.

Extraído de http://www.elpais.com/articulo/pais/vasco/educadores/critican/falta/proyecto/menores/inmigrantes/elpepiesppvs/20090325elpvas_3/Tes

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miércoles 25 de marzo de 2009

Policías contra el maltrato

Cómo afrontar un drama familiar y personal cuando un policía asiste a una persona que ha sido brutalmente agredida por su marido o ex pareja? La tarea no es nada fácil. Los primeros momentos son cruciales a la hora de recabar pruebas, reunir muestras que pueden ser decisivas para resolver un caso y obtener testimonios clave. Pero la angustiosa situación de una víctima y su atención deben prevalecer por encima de todo.

Para afrontar un caso de violencia doméstica hacen falta otras armas distintas a las habituales y las de la comprensión, la ayuda y la efectividad son las mejores, sin ninguna duda. Estas son las principales balas que tienen que llevar los agentes de la policía en la recámara.

Sagunto acoge desde ayer unas jornadas especializadas en violencia doméstica para analizar cómo debe realizarse una intervención policial en estos casos y cuáles son los pasos a seguir en trámites, protocolos, declaraciones y asuntos jurídicos.

Como en 'C. S. I.'.

Más de 40 agentes de Sagunto, Canet y Castellón abrían esta jornada, que concluirá mañana, que busca ampliar el campo de acción de los efectivos, aportar tácticas e informar y formar para que la profesionalidad sea la principal arma.
Y es que las conocidas maneras del C. S. I. no está tan lejos de la realidad aunque, a veces, haya que salvar alguna que otra distancia.

El primer paso cuando un agente llega al lugar de los hechos es "comprobar todo lo sucedido. Cualquier información es buena y la prioridad es asegurar la protección de la víctima y detener al presunto agresor. Entonces hay que poner en marcha un protocolo en el que entra el auxilio médico y mantener el escenario tal y como se encuentra", según explican desde la Policía Nacional.

Entonces entra en acción la policía científica (Grissom y todo su equipo para los amantes de la teleserie), que toman huellas con revelantes, "un producto químico que resalta las dejadas en el lugar de los hechos, aunque también se trabaja con lámparas para detectar todo tipo de fluidos. Se trata de una linterna, como la que sale en las películas, que alumbra la zona y deja de color fluorescente ese tipo de pruebas".

El movimiento del mobiliario también es otro objeto de análisis en la radiografía que realizan los agentes en estos casos. "Según su disposición se sabe si ha habido violencia o no, como es lógico. Se toman fotografías de todo, tal y como ha quedado".

La víctima tiene apoyo legal desde el primer momento. Un abogado le explica cuál es la situación, qué debe hacer e informarle de todos los detalles y de si quiere pedir o no una orden de protección.
Luego, un cuestionario permite ajustar, inicialmente, o valorar el nivel de riesgo de la mujer o la víctima de una agresión de este tipo.

"Podemos estar ante una situación de riesgo extremo y en este caso hay que poner todos los medios que tengamos a nuestro alcance para proteger a la persona antes de que se pronuncie el juez. Se le busca un piso de acogida o un hotel en los primeros días, a menos que tenga una alternativa como irse a casa de algún familiar. Se estudian todas las opciones y se toma la más efectiva para la víctima".
La labor de los agentes de la Policía Nacional y Local requiere siempre la máxima profesionalidad "pero un poco más si cabe en casos tan delicados como estos". Y es que acabar con la violencia es un reto por el que hay que seguir luchando.

Extraído de http://www.lasprovincias.es/valencia/20090324/morvedre/policias-contra-maltrato-20090324.html

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La crisis puede reducir el número de denuncias presentadas por violencia de género

La Asociación de Asistencia a Víctimas de Agresiones Sexuales y Violencia Doméstica de Burgos ha atendido a 158 mujeres durante el 2008, lo que supone un incremento del 27% con respecto al año anterior. La crisis económica actual podría dejar un descenso en el número de denuncias por agresión o, al menos, un retraso en la toma de decisiones de las víctimas, según las profesionales.

La mayor parte de las consultas realizadas se han debido a casos de malos tratos, un 80% del total, tanto físico como psicológico. Un 12% del total se han referido a delitos contra la libertad sexual y el resto a otro tipo de consultas, habiendo una por quebrantamiento judicial. De los 158 casos atendidos, 127 fueron de mujeres españolas y sólo 3 de las 31 inmigrantes que pidieron ayuda estaban en situación ilegal.

La presidenta de la Asociación de Asistencia a Víctimas de Agresiones Sexuales y Violencia Doméstica ha insistido en que, por su condición de extranjeras ilegales, estas mujeres tienen un problema añadido para denunciar a sus agresores, por el miedo a la expulsión. Precisamente, ha recordado Marina Villuela, existen sistemas de protección especial en estos casos.

Un año más, el número de casos atendidos se ha incrementado, en esta ocasión pasando de los 125 de 2007 a los 158 de 2008. Se trata de una evolución normal que se viene observando desde el 2004, lo que indica, no tanto que haya más casos de violencia doméstica y agresiones sexuales, sino que las mujeres están más dispuestas a denunciarlos.

A pesar de estos datos, ha asegurado Begoña González, miembro de la asociación, es posible que la crisis económica actual reduzca el número de denuncias o influya en el momento en el que se producen dado que un porcentaje muy elevado de las víctimas depende económicamente de sus agresores.

Desde la Asociación de Asistencia a Víctimas de Agresiones Sexuales y Violencia Doméstica han señalado que, aunque se ha avanzado mucho, sigue habiendo mucha reticencia a la hora de denunciar a la pareja agresora. Al miedo se le une el sentimiento de culpa que genera en la mujer el hecho de tener que ver como su pareja abandona el hogar común o, en el caso de un procedimiento jurídico, recibir una pena de prisión.

Por este motivo el tratamiento psicológico es fundamental a la hora de atender a una mujer víctima de malos tratos o de agresiones sexuales, así como el asesoramiento jurídico para conseguir que se inicien todos los trámites necesarios tras la denuncia del caso. En 2008, de los 158 casos atendidos, únicamente 34 han finalizado en procedimiento judicial.

El perfil de las víctimas de este tipo de agresiones sigue siendo el mismo: mujeres de 34 años, con hijos menores a cargo y un trabajo precario, nivel cultural medio-bajo y que está sometida, de manera repetida, a abusos por parte de su marido, pareja o ex pareja. Aún así, han asegurado desde la asociación, se están presentando cada vez más denuncias por parte de mujeres jóvenes, lo que demuestra que están dispuestas a aguantar menos los casos de violencia de género.

La Asociación de Asistencia a Víctimas de Agresiones Sexuales y Violencia de Género, además del trabajo de asesoramiento jurídico y psicológico, realiza también campañas de prevención y sensibilización entre jóvenes de 15 a 17 años. En 2008 fueron 1.193 los alumnos que participaron en sus cursos.

Extraído de http://www.radioarlanzon.com/modules.php?name=News&file=article&sid=23978

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martes 24 de marzo de 2009

Los centros de menores tienen a 1.400 infractores que cumplen sus 'condenas'














La Justicia ejecutó el año pasado 913 medidas de medio abierto y 486 de internamiento para jóvenes españoles y extranjeros autores de todo tipo de faltas e infracciones · La mayoría tiene de 15 a 17 años.


Ricardo salió de un centro de menores hace un año. Se ha pasado casi toda su adolescencia de juzgado en juzgado y de comisaría en comisaría, pues desde los 12 años ha tenido que rendir cuentas a la justicia de determinados actos delictivos que ha cometido. Se le atribuyen más de una docena de robos con violencia, así como tirones de bolso e incluso malos tratos hacia su madre. Un año después de haber cumplido la última medida que le impuso el juez de menores y por la que estuvo varios años en un centro de internamiento, asegura que "ahora se siente persona y que ni se le pasa por la cabeza volver a incurrir en los errores del pasado. Ahora se lo que quiero y estoy preparado para afrontar un trabajo", manifestó a El Almería.

Como él, según los datos referidos a 2008, 1.399 menores cumplen sus medidas en centros de régimen medio abierto (913) y en centros cerrados (486). El delegado provincial de la Consejería de Justicia de la Junta de Andalucía, Manuel Ceba, aseguró que del total de medidas ejecutadas en la provincia, el 65,26% de las medidas que se ejecutan por la Consejería en Almería corresponden al régimen medio abierto, frente a un 34,74% de internamiento.

Sin duda, Almería es una de las provincias en las que más medidas de menores se ejecutan. En lo referente al régimen medio abierto, casi la totalidad de los procedimientos pertenecen al juzgado de Almería y se ejecutan a través de organizaciones y colectivos con los que la Junta de Andalucía mantiene un convenio de colaboración.

Según explicó Manuel Ceba, el Juzgado de Menores de Almería dictó el año pasado hasta 82 amonestaciones y 31 medidas diversas como la privación del permiso de conducir , prohibición de aproximación y comunicación con la víctima y tratamiento ambulatorio de drogodependencia, entre otras.

Respecto a las medidas de internamiento que se han ejecutado en los tres centros de Almería las cifras son bastante más bajas que en medio abierto, pese a que a la provincia llegan menores infractores cuyas medidas han sido dictadas por juzgados de toda Andalucía.

Concretamente, en el Centro El Molino, en Tierras de Oria y en Purchena se han ejecutado hasta 486 medidas de internamiento.

El grueso de infracciones se cometen entre los 15 y los 18 años y, según datos recogidos de la delegación de Justicia, este intervalo de edades comprende alrededor del 80% de las infracciones, y son los 17 años la edad más conflictiva. Tanto es así que según las estadísticas, hasta 165 menores delinquieron en esta edad el año pasado. Se constata que el récord revienta cuando los jóvenes están a las puertas de obtener el carné de adultos. En este sentido, fuentes policiales indicaron a El Almería que "la transición a la mayoría de edad se produce para esta generación en los últimos años. Estos elementos en la calle disparan los índices de delincuencia en la provincia". Sin embargo, hasta los 14 años y a partir de los 18, la incidencia de las infracciones baja de forma empicada.

Al margen de las medidas que se ejecutaron en régimen medio abierto y en internamiento, el Juzgado de Menores de Almería también dictó resoluciones extrajudiciales de conciliación, mediación, etc.

Según explicó el delegado provincial de la Consejería de Justicia de la Junta de Andalucía, "durante 2008 se han ejecutado hasta 123 resoluciones extrajudiciales (para 80 hombres y 43 mujeres) cuyo porcentaje sobrepasa el 12% de las sentencias.

Las estadísticas muestran que, de forma generalizada, los chicos acaparan la mayoría de las infracciones en la provincia de Almería, aunque hay casos como el de maltrato en el ámbito familiar que las cifras llegan a equipararse y se mantiene casi intactas en los últimos tres años. Son agresiones que se dirigen hacia los miembros más débiles de la familia, y alteran los balances de la delincuencia infantil.

Extraído de http://www.elalmeria.es/article/almeria/381321/los/centros/menores/tienen/infractores/cumplen/sus/condenas.html

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lunes 23 de marzo de 2009

Los fiscales advierten de que los jóvenes cometen delitos cada vez más graves

El fiscal jefe de Andalucía, Jesús García Calderón, asegura que su departamento observa preocupado la evolución cualitativa de los delitos causados por menores en la comunidad. Calderón expone al respecto que en los últimos cinco años los fiscales de Andalucía han constatado que los delitos cometidos por este segmento de población son de mayor intensidad y gravedad. Alude en concreto a la relativa frecuencia con que perpetran asesinatos, homicidios y violaciones. Para el ministerio público estos actos no son numerosos, pero sí preocupantes porque aumentan paulatinamente.

Aunque la irrupción de los menores en la delincuencia adulta es un hecho, los chicos se mueven todavía por lo general en una tipología delictiva de grado intermedio. La Fiscalía también combate sin tregua estos delitos, menos graves, pero más constantes. El fiscal jefe resalta la comisión de robos, las agresiones, el maltrato familiar y el acoso escolar. Precisamente, sobre el último girará una conferencia que Calderón ofrecerá el próximo 22 de abril en el Palacio de Congresos de Granada en el marco de una jornada en las que analizará la violencia en los centros educativos.

Internet.

Las nuevas tecnologías son asimismo una fuente de conflictos que obliga a la intervención de la Fiscalía. García Calderón señala que la nueva retórica de la comunicación, derivada del uso de internet bajo un extendido anonimato, es una guarida para el delito. La red es un marco en el que los menores pueden delinquir pero también ser víctimas.

Otro ámbito delictivo en el que se mueven determinados menores es el maltrato familiar. El fiscal jefe habla del incremento de la violencia ejercida por los chicos contra padres y abuelos. Al igual que la casa, la escuela y el instituto son también escenarios de agresiones cometidas por menores contra profesores y contra otros alumnos.

Sobre el acoso escolar, Calderón puntualiza que las medidas adoptadas han propiciado un avance en la lucha entablada contra los agresores, especialmente desde la catalogación de este acto como delito.

El ministerio público andaluz elabora en la actualidad la memoria de 2008. Entre los contenidos se incluye la actividad desarrollada por los fiscales de menores en la comunidad autónoma, donde otros organismos también ejecutan proyectos que persiguen, por otros medios, la erradicación de esta patología social.

Calderón alude al Defensor del Pueblo, órgano matriz del Defensor del Menor, institución con la que mantiene una fluida comunicación sobre el asunto.

Extraído de http://www.abcdesevilla.es/20090321/andalucia-actualidad/fiscales-advierten-jovenes-cometen-200903210010.html

Equipo de Investigación.
Área Violencia Doméstica y Maltrato.

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ENTREVISTA: Inmaculada Montalbán “Aún existe la consigna de aguantar el maltrato”


























Aprendió como juez rural lo que hoy aplica como presidenta del Observatorio contra la Violencia Doméstica y de Género. Cree que esta década será decisiva para la igualdad.

C uando era más joven, esta granadina que en noviembre cumplirá los 50 años iba de pueblo en pueblo participando en reuniones de mujeres a la hora de la merienda mientras sus maridos seguían en casa el partido de fútbol. Pero no eran reuniones para vender fiambreras o productos de belleza. Esos encuentros distaban mucho de ser transacciones comerciales con las que, de paso, reforzar el limitado papel doméstico de las mujeres. En aquellas meriendas, la joven juez Montalbán explicaba a las participantes que el deber conyugal no incluía la obligación de soportar los malos tratos del marido. Eran reuniones a las que algunas acudían a escondidas de sus cónyuges.

Ahora las recuerda la juez Inmaculada Montalbán con emoción desde su despacho de vocal del Consejo General del Poder Judicial porque a su memoria vuelven sus caras y sus lágrimas cuando alguna comprendía súbitamente que lo que les decía y contaba la magistrada se correspondía fielmente con el infierno que vivía calladamente en su casa.

Las pioneras que en los años ochenta se atrevieron a denunciar y llevar a juicio a sus parejas o ex parejas fueron las que le despertaron la conciencia a Inmaculada Montalbán. Desde entonces, ella ha luchado por despertársela a los demás, y muy especialmente a sus compañeros jueces, a los que explicaba la especificidad de los crímenes machistas y de sus víctimas y a los que incluso ha llevado a centros de acogida de mujeres.

Quizá el mismo contraste de aquellas vidas con la suya propia acrecentó su empatía. Casada y con tres hijos, Inmaculada Montalbán es una mujer cuya afición favorita es pasear con su marido y sus tres hijos cuando se reúnen en Granada los fines de semana. Ahora vive en Madrid con su hija mayor, ya universitaria, y puede alardear de un marido que se ha tomado las bajas de paternidad para cuidar a cada uno de sus hijos y para, de paso, apoyar la carrera de su esposa. También puede presumir de unos vástagos concienciados con los problemas de la desigualdad.

Fue miembro de la Comisión de Violencia de Género de Jueces para la Democracia, una de las asociaciones progresistas de la judicatura española, y en 2002 formó parte del Comité de Expertos de Violencia Doméstica. Ha sido magistrada del Tribunal Superior de Justicia de Andalucía, y el Consejo General del Poder Judicial, del que ahora es vocal, le otorgó el Premio Rafael Martínez Emperador por su estudio Perspectiva de género: criterio e interpretación internacional y constitucional. Autora de una decena de libros sobre la igualdad, es, en fin, una autoridad en materia de violencia de género, razón por la cual nadie dudó en octubre pasado en nombrarla presidenta del Observatorio contra la Violencia Doméstica y de Género.

Pese a lo rimbombante de todos sus títulos, Inmaculada Montalbán parece apocada y tímida, una sensación reforzada por una voz aflautada que suena a modestia.

¿Por qué quiso ser juez?

Por el momento histórico en el que estudié Derecho. En Filosofía del Derecho estudiábamos el anteproyecto de la Constitución española. Era un momento muy importante en el que se estaba forjando nuestra democracia y analizábamos cómo se estaba construyendo la Constitución para poner los cimientos de una sociedad futura. Los profesores hacían hincapié en la labor de los jueces no como meros aplicadores de la ley, sino como una parte activa al interpretar las normas. Ya entonces advertí que la Constitución ofrecía grandes posibilidades para avanzar en la democracia y que ésta no se crea por ley y ya está, sino que se necesitan impulsos para que se vayan implantando los derechos que marca. Tengo un punto de utopía, como lo tuvo toda la sociedad española, para lograr una sociedad más justa e igualitaria.

¿Hay algún afán justiciero en la vocación de juez?

No en mi caso. La labor del juez es interpretar las leyes ajustadamente a la Constitución y a una visión progresiva de los derechos. En casos de discriminación de la mujer por motivos laborales, la práctica judicial ha ido poco a poco sembrando pequeños hitos, avanzando en prácticas antidiscriminatorias. Es la labor promocional del derecho.

¿Por qué ha tenido usted siempre tanta sensibilidad hacia los temas de igualdad?

En cuanto empecé a trabajar en los juzgados advertí que las mujeres que venían a denunciar a sus maridos eran distintas de los otros denunciantes, de las otras víctimas que acudían a los juzgados. Las veía en una situación de duda, de inseguridad y de debilidad. Y comprendí que las leyes no les respondían. Recuerdo el caso de una mujer a cuyo marido yo había condenado al pago de una multa, que era lo que la ley preveía (multa o arresto domiciliario). Pues bien, la mujer vino a decirme que ella quería pagar la multa porque su marido no estaba dispuesto a hacerlo. Había llegado la notificación del embargo de la casa familiar y ella no quería que su casa estuviera embargada [se ríe]. El sistema legal respondía de esta manera tan absurda a un problema tan específico. El sistema no funcionaba.

O sea, que el detonante fue su desempeño profesional.

Fue la unión entre la formación como jurista y la práctica judicial. Advertí que el problema de la violencia contra la mujer en el ámbito familiar estaba relacionado con el problema de la desigualdad. Las mujeres que acudían a los juzgados estaban en situación de desigualdad y muchas de ellas renunciaban a la denuncia porque se quedaban sin el dinero del marido para pagar la comida o el colegio de los hijos.

Y entonces empezó usted a establecer relación con las víctimas, a visitar centros de maltratadas, a intentar entenderlas.

Sí, sí. En 1985 aún no existían los organismos de igualdad ni de asesoramiento a las mujeres, y recuerdo que cuando estaba en un juzgado de Almería, unas abogadas que trabajaban con víctimas de malos tratos me pidieron que colaborara con ellas. Así fue como estuve unos años yendo a los pueblos a explicar a las mujeres que tenían derecho a denunciar. Les explicábamos que la violencia dentro de la pareja no estaba permitida, que una mujer no estaba obligada a sufrir malos tratos o a recibir amenazas por el hecho de casarse.

Pero en aquella época no se tenía conciencia de la magnitud del fenómeno. Muchos pensaban que era un problema casi minoritario, que las feministas exageraban.

Sí. Me acuerdo de todas esas mujeres, de sus caras…

En este punto, Inmaculada Montalbán se queda sin voz; emocionada. Paramos la grabadora. Se disculpa varias veces. Finalmente continuamos con la entrevista.

¿Cuál era la actitud de las mujeres que acudían a esas reuniones?

Iban con mucho interés y preguntaban. Para ellas era muy importante que una juez les explicara las leyes. Preguntaban sobre las consecuencias de denunciar y cuando les explicaba que las penas eran multas o arresto domiciliario se quejaban. Decían: “Esto a nosotras no nos soluciona nada”. “Yo no trabajo y mi marido es peón de albañil. ¿Qué pasa con mis hijos?”. Se planteaban este tipo de cuestiones, pero nosotras dejábamos el mensaje de que dentro de la obligación conyugal no estaba la obligación de soportar malos tratos y eso era importante, sobre todo en los ámbitos rurales. Eran mujeres que venían a oír y cuando conocían historias en las que se veían reflejadas muchas lloraban o se emocionaban. Al final acudían a la abogada.

Así era como descubrían que eran víctimas de violencia de género.

En aquella época no se hablaba de violencia de género. En los atestados policiales se hablaba de reyertas familiares [se ríe].

Supongo que a muchas mujeres incluso les supondría un grave problema acudir a estas reuniones, que hasta irían a escondidas.

Sí, sí. En aquella época no existía la sensibilización que hay hoy día, sino trabajos de mujeres, abogadas, asistentas sociales, etcétera. Afortunadamente, ya se crearon los institutos de la mujer y se empezó a trabajar también la asistencia y el asesoramiento a mujeres.

Todavía en 1997 no se consideraban los crímenes machistas. En febrero de ese año instruyó usted un macabro asesinato doble de mujeres. El agresor mató a dos mujeres, a las que se encontró desnudas. El cadáver de la mayor de las dos incluso fue vejado. El cronista hablaba, sin embargo, de que el posible móvil fuera el robo de 40.000 pesetas (240 euros).

Sí, sí. Lo recuerdo perfectamente.

Meses más tarde, ese mismo año, murió asesinada Ana Orantes, la mujer que había denunciado los malos tratos de su ex marido incluso en la televisión y a la que él quemó viva.

Hay un antes y un después de aquel caso en este país. Efectivamente. Aunque ya se estaba trabajando sobre la violencia contra las mujeres en esa etapa, ese caso fue un punto de inflexión. Primero porque salió en la televisión andaluza denunciando los años de malos tratos por parte de su ex marido y el asesinato, especialmente cruel, que fue el aldabonazo: “Me has desprestigiado al decir que te he maltratado y yo respondo quitándote la vida”. Aquello dio paso a que las asociaciones de mujeres, aliadas con los medios, pusieran sobre el tapete la violencia doméstica y la ineficacia judicial, que no respondía a cuestiones como ésa. Las mujeres denunciaban, pero no tenían protección. Los jueces respondíamos con los instrumentos legales que teníamos, pero no disponíamos ni de los medios ni de las leyes adecuadas. Se inició un proceso de reflexión muy importante, espoleado por la sociedad civil, por las asociaciones de mujeres. Es entonces cuando empieza a cuajar el término de violencia de género, que es una categoría que designa que la causa última es la desigualdad. Hemos vivido en poco tiempo una evolución muy rápida en la que se han fortalecido los derechos de las mujeres.

¿Le tocó a usted algún caso como el de Ana Orantes? ¿Tuvo alguna mujer que denunció y luego fue asesinada?

Afortunadamente, no. Sí que tuve casos de mujeres que habían recibido golpes tremendos. Eso sí.

¿Alguno de los casos le impactó de manera especial?

Recuerdo el de una mujer que denunció a su marido porque la había amenazado con un hacha. Debido a que el hecho se calificó como falta leve, no estaba el fiscal. Así que allí estaba la denunciante sola frente a mí mientras que el denunciado estaba con su abogado. La sensación de debilidad de aquella mujer era tremenda.

¿Sintió desde el primer momento esa empatía con las víctimas? Hay incluso mujeres a las que les cuesta entenderlas .

Yo he conocido a muchas mujeres que han soportado los malos tratos en silencio. Hay muchas en el ámbito rural y todavía siguen la consigna de que hay que aguantar, una consigna que se ha transmitido generacionalmente y que afortunadamente ya se está rompiendo. Me sorprende que haya quien se sorprenda de que existan perdones, renuncias y retractaciones. Son la consecuencia de esa vinculación de dependencia emocional y económica con el agresor. ¿Cómo evitarlo? Hay que fortalecer a la mujer. No renuncia o se retracta por capricho. Para cuando llega al juzgado ya se lo han pensado muchas veces. El problema es que en muchas ocasiones sopesa los pros y los contras y ve que hay más contras que pros para denunciar. La dependencia emocional y psicológica nos impide actuar de manera más rotunda contra este tipo de violencia.

Sobre la dependencia económica tiene usted una jugosa anécdota protagonizada por el alcalde de un pueblo.

Sí. Fue tremendo. Era una reunión en la que las mujeres habían preparado un café y unos bollos. De casualidad, el alcalde se enteró de que estaba ahí la juez y vino con el jefe de la Guardia Civil del pueblo. Se incorporó a la hora de la merienda. Y entonces se llevó la mano a la cartera y nos dijo: “Está muy bien todo lo que digáis, pero mientras que uno tenga esto aquí, es el que manda”. Fue frustrante.

¿Cuál fue la reacción de las mujeres?

Menos mal que para entonces sólo quedaban cuatro o cinco en la reunión. Pensé que si lo hubiera dicho en público, toda mi charla se habría quedado en nada, porque en buena parte es cierto lo que él decía. Todas aquellas mujeres eran amas de casa que oían hablar de derechos y libertades, pero no tenían libertad económica para emprender una nueva vida.

Usted ha hecho mucho proselitismo entre sus compañeros de carrera.

Me parece fundamental. Dentro de los cursos que he dirigido en formación de jueces he dedicado una tarde para que entren en contacto con mujeres de centros de acogida. Porque tan importante es conocer la ley como la realidad que se maneja. Que los jueces puedan hablar con las mujeres que están recluidas –sí, recluidas para garantizar su seguridad– y que ellas les cuenten lo que esperan de la justicia y lo que realmente tienen es importante. También lo es que los jueces les cuenten los instrumentos de que disponen y por qué actúan como lo hacen. Es bueno que cada uno dé su visión para mejorar la respuesta de la justicia.

¿Lo hacía usted como coordinadora de la Comisión de Violencia de Género de Jueces para la Democracia?

Lo he hecho siempre que he tenido la oportunidad.

Uno de los cambios sociales que hemos conocido ha sido el de las estadísticas. Ahora al menos conocemos la magnitud del problema. Sólo en España, 400 denuncias al día. Se calcula que hay 500.000 víctimas al año y que la mayoría no denuncia. Eso quiere decir que durante esta hora de conversación entre usted y yo 87 mujeres están siendo maltratadas.

Tenemos que analizar por qué persiste la violencia a pesar de los esfuerzos. Estamos en una década decisiva para implantar la igualdad entre hombres y mujeres y reducir la violencia sobre la mujer. Es una década muy decisiva porque tenemos la Ley Integral de Violencia de Género y la Ley de Igualdad. La primera, de 2004; la segunda, de 2007, y, si bien ya se ha logrado que el sistema judicial esté dando una respuesta aceptable, también es cierto que tenemos que terminar de implantar todos los recursos. Además, hay que insistir en la educación. Es el factor clave para avanzar en la igualdad y disminuir la violencia. Pero hay agentes socializantes muy importantes que siguen transmitiendo los antiguos mensajes discriminatorios que sitúan a las mujeres en segundo lugar. No sé qué tiene más incidencia, si la familia, si los medios de comunicación, si el ámbito académico o el propio lenguaje, pero lo que sé es que todos siguen transmitiendo los mensajes antiguos.

Son especialmente sangrantes en este sentido los vídeos musicales, que otorgan papeles bien distintos a hombres y mujeres.

Y pongámonos a pensar en las telenovelas que vienen de otros países que no han avanzado tanto hacia la igualdad como la sociedad española. Tenemos que actuar sobre estos agentes para que se comprometan con los valores que las leyes transmiten. Sólo así se conseguirá romper esa transmisión de valores antiguos que siguen actuando sobre nuestros hijos y nuestras hijas, adjudicándoles a ellas el papel de solícitas, amables, cuidadosas y atentas, y a los niños, el papel de decisores.

¿Y frente a todo ello no cree que hay una cierta pasividad social?

Creo que hay que aumentar la actitud crítica, que no podemos bajar la guardia, que hay que detectar esos mensajes y actuar con la ley para evitarlos.

Un claro ejemplo de pasividad es la prostitución. Sabemos que hay mercado de esclavas en el siglo XXI, sabemos lo que hay en los clubes de carretera, pero pasamos de largo.

Hay una permisividad escandalosa. Sí. El 80% de las mujeres que ejercen la prostitución son especialmente vulnerables. Son mujeres inmigrantes, sin dinero, sin redes sociales, sin redes familiares… Hay que abordar este tema con medidas de apoyo para que estas mujeres puedan salir de esa situación. Hay que potenciar el instrumento de la ley de extranjería de que aquellas que colaboren en desarticular las mafias y bandas organizadas consigan su permiso de residencia en España y hay que ayudarlas para que se incorporen al mercado de trabajo. Obviamente hay que actuar contra esas mafias que dan cobertura a esta esclavitud.

En el año 2009, el Ministerio de Igualdad se va a gastar cuatro millones de euros para las víctimas y tres para la reeducación de los maltratadores. Suena un poco injusto, la verdad.


Hay que poner en marcha los programas de rehabilitación de los condenados porque es uno de los fines de la pena en las sociedades civilizadas y también porque hay que proteger a las víctimas. Está comprobado que en este tipo de violencia se reproduce el patrón con nuevas parejas. Hay que intervenir con el condenado para evitar que produzca nuevas lesiones a sus nuevas parejas. Es un mandato legal que, lamentablemente, no está aún extendido en todo el territorio.

Vemos cada día sentencias de alejamiento incumplidas, pulseras GPS que fallan y reincidencias inquietantes. ¿Está la justicia desbordada con este asunto?

No tengo esa impresión, lo que pasa es que el sistema se está adaptando a las necesidades. Es muy difícil controlar y asegurar que no se vayan a producir nuevos actos violentos contra una mujer. Los poderes públicos tienen la obligación de poner todos los medios para que eso no se produzca y que cuando suceda se analicen los fallos. La violencia sobre la mujer está en la agenda pública y la agenda política porque es un problema de derechos humanos.

¿Ha sido un gran avance establecer los juzgados de violencia de género?

Han dado buen resultado porque han favorecido la coordinación entre policía, hospital y asistentes sociales y porque han mejorado la respuesta judicial. Con la especialización hay un examen de los equipos psicosociales. Se analiza a la víctima y al agresor y se evalúa el riesgo. Los juzgados exclusivos están dando una respuesta razonable que, no obstante, se puede mejorar. El proyecto es extender los juzgados exclusivos aunque alguno cubra varios partidos judiciales siempre que el acceso por el nivel de las comunicaciones sea fácil para las mujeres.

En los juzgados no especializados hay más absoluciones en casos de maltrato que en los juzgados de violencia de género. ¿Por qué es así?

Porque los jueces y fiscales de los juzgados especializados ya conocen las características específicas de este tipo de violencia. Saben que no suele haber testigos y que necesitan una recogida de pruebas más importante, por ejemplo. La especialización garantiza un mejor conocimiento del problema.

La gente joven no suele estar muy concienciada de este problema. ¿Habla usted de este asunto con su hija de 18 años y sus amigas?

Mi marido y yo hablamos mucho con nuestros hijos. Ellos siempre me han visto muy activista y hablamos de estas cuestiones con frecuencia. Cuando hemos visto que la menor, de 13 años, seguía una telenovela de contenidos no deseables le hemos explicado por qué no debía hacerlo y lo ha entendido. Mis hijos están muy sensibilizados. Si trabajamos en la igualdad es porque queremos un futuro mejor y más justo para las nuevas generaciones, y a los niños hay que implicarlos en estas cosas.

¿Para qué sirve el Observatorio contra la Violencia Doméstica y de Género?

Para intentar mejorar la respuesta judicial. Realizamos estadísticas que nos permiten hacer un diagnóstico del funcionamiento de nuestros juzgados, pero también analizamos las sentencias. Un estudio nos demostró que los jurados aplican en porcentajes muy bajos los atenuantes de drogadicción, consumo de alcohol o alteración mental. Esa actitud corroboraba lo que los expertos venían diciendo: la causa de la muerte no es la bebida ni el alcohol ni un trastorno mental transitorio. Y eso que en juicios con jurado las defensas suelen llevar peritos muy potentes que intentan acreditar que su defendido estaba enajenado. Ahora estamos analizando las sentencias en aplicación ya de la Ley de Violencia de Género. Veremos qué respuesta se está dando y qué mejoras podemos proponer al Parlamento.

De modo que la observación conlleva iniciativas.

Sí. Gracias al observatorio tenemos datos que antes no existían. Queremos perfeccionar nuestros análisis y proponer mejoras. Una propuesta nuestra es que los jueces que estén interesados en cubrir plazas en juzgados exclusivos hagan un curso específico sobre violencia sobre la mujer. Otra cuestión es la implantación de juzgados penales especializados, que nos parece fundamental [los actuales tratan también asuntos civiles]. En el ámbito no judicial colaboramos con los ministerios de Igualdad y de Justicia, con el Colegio de Abogados, la Fiscalía y asociaciones de mujeres.

¿De qué medios personales y materiales dispone el observatorio?

Contamos con dos vocales más dentro del Consejo General del Poder Judicial, la letrada Paloma Marín y dos funcionarias. Eso es todo. Nos reunimos con el resto de instituciones que también forman parte del observatorio, como los ministerios de Justicia y de Igualdad. Disponemos, claro está, de los servicios comunes del consejo, como los de inspección o estadística.

¿Por qué están tan enfadados los jueces?

Las protestas denotan el desaliento ante la carencia de medios materiales y personales. Seguimos enmarañados con papeles en unas oficinas anticuadas mientras la gente espera nuestras decisiones. Los jueces no tenemos competencias para decidir el personal, el equipo de trabajo o qué sistema informático utilizar y, sin embargo, parece que somos responsables de todo.

Usted propuso las alertas informáticas, que habrían avisado a Tirado no sólo de que su orden de ingreso en prisión no se había ejecutado, sino también de que el presunto asesino de la niña Mari Luz tenía pendiente otra condena por abusos sexuales.

Sí, yo propuse las alertas informáticas para que, por ejemplo, cuando salga de prisión un penado se avise inmediatamente a la víctima. Cada autonomía ha desarrollado sistemas informáticos incompatibles entre sí. En el ámbito de la justicia no se ha puesto en marcha la oficina judicial moderna que reclamamos desde hace años. Creo que los jueces quieren dar una respuesta rápida y ven que no es posible. Es una situación muy frustrante.

Una juez en las casas de acogida.

Inmaculada Montalbán empezó a trabajar en un juzgado llamado entonces de distrito (ya inexistentes), en Torrevieja (Alicante), en 1984, en el que se llevaban asuntos pequeños de poca cuantía y juicios de faltas.

El ascenso a magistrada le llegó en 1988. Fue enviada a la Audiencia Provincial de Valencia, donde tenía que tratar asuntos complicados de gran envergadura. Esa experiencia la forjó en el ámbito penal, del que se sigue valiendo como juez y al que volvió después de ocho años en lo contencioso-administrativo.

Como directora de formación de jueces en el Consejo General del Poder Judicial en Andalucía llevaba a sus compañeros de carrera a las casas de acogida de mujeres maltratadas para que conocieran de cerca el problema.

Extraído de http://www.elpais.com/articulo/portada/existe/consigna/aguantar/maltrato/elpepusoceps/20090322elpepspor_6/Tes

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viernes 20 de marzo de 2009

Sólo un 4% de los maltratadores en la cárcel recibe tratamiento

  • El Gobierno admite que reeducar a este tipo de presos es 'complicado'.
  • Asociaciones de mujeres aseguran que estos programas 'no sirven para nada'.

Sólo un 4% de los maltratadores presos sigue un tratamiento voluntario de rehabilitación. En las cárceles españolas hay más de 7.000 hombres condenados por delitos relacionados con la violencia doméstica y sólo 300 de estos presos se han apuntado a estos cursos, según datos facilitados por Instituciones Penitenciarias.

Estos programas empezaron a impartirse en el año 2005 y en la actualidad son 56 los centros penitenciarios que imparten estos cursos, por los que ya han pasado 1.200 reclusos. Los hombres que han participado en este tipo de programas, pero en régimen abierto, son más de 11.000.

El delegado del Gobierno para la Violencia de Género, Miguel Lorente, reconoció que "reeducar a este tipo de presos es difícil, porque hay que actuar cuanto antes. Hacerlo cuando ya están en la cárcel es tarde".

"Hay que diferenciar los cursos de reeducación que se hacen en centros penitenciarios de los que se hacen en régimen abierto a los condenados por primera vez a penas de menos de dos años. Son agresores en fase precoz de la violencia y eso significa que son más abordables desde el punto de vista de la recuperación", señaló Lorente.

Precisó que además los hombres que están en la cárcel por maltratar a las mujeres constituyen "un grupo muy heterogéneo", y agregó que "el hecho de estar en prisión suele producir en muchos de ellos una agresividad añadida. Son agresores que no reconocen su culpabilidad, suelen decir que atacaron a la mujer porque ella les provocó. Todas estas circunstancias hacen que sean difíciles de abordar".

Además, según Lorente, la violencia doméstica no sugiere rechazo en los ambientes carcelarios. "Son reclusos que se integran en la estructura carcelaria sin problemas, pero sí que podrían ser cuestionados si se apuntan a los cursos de reeducación", manifestó.

Asimismo, destacó que un aspecto muy positivo de estos programas de reeducación es el seguimiento profesional del agresor. "Mientras el maltratador realiza el curso, está controlado. El programa permite una valoración del riesgo de una manera profesional, directa y controlada", explicó. "Son periodos largos de tiempo en los que el profesional sabe perfectamente cómo está el agresor. Está controlado y ves cómo se va adaptando a su nueva situación carcelaria".

Al agresor hay que cambiarle su percepción del mundo.

Las asociaciones de mujeres aseguran que este tipo de programas no sirven para nada. Tina Alarcón, presidenta de la Asociación de Mujeres Violadas y Maltratadas, que lleva más de 20 años trabajando con mujeres víctimas de la violencia machista, aseguró que "los resultados de los planes de reinserción de maltratadores son muy bajos para el esfuerzo que se hace. Hay que trabajar mucho la perspectiva de género, al agresor hay que cambiarle su percepción del mundo y eso es muy complicado".

"La mayoría de los presos que se apuntan a estos programas de rehabilitación no lo hacen porque quieren rehabilitarse, sino para conseguir beneficios penitenciarios, no porque estén realmente arrepentidos. Son muy pocos quienes hacen el tratamiento realmente convencidos", añadió Alarcón.

Otras asociaciones de mujeres consultadas cuestionan la preparación de los psicólogos que dan los cursos de reeducación a los maltratadores encarcelados. "La formación académica que se imparte en las facultades de Psicología no procura los conocimientos que son necesarios para intervenir adecuadamente en una materia tan complicada como la de la violencia de género", sostienen.

La psiquiatra francesa Marie France Hirigoyen, especialista mundial en maltrato psicológico, sostiene en su libro "El acoso moral" que los maltratadores son individuos perversos y que "la perversidad no proviene de un trastorno psiquiátrico, sino de una fría racionalidad que se combina con la incapacidad de considerar a los demás como seres humanos".

Extraído de http://www.elmundo.es/elmundo/2009/03/19/espana/1237459377.html

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Paul Bode, experto en menores: `la violencia escolar no ha aumentado, sólo se ha abierto la cultura del silencio´

Paul Bode trabaja en la ONG Plan, que ayuda a la infancia mediante proyectos de desarrollo, desde 1989, y actualmente es el Director de Programas de Plan Internacional. Está especializado en desarrollo e implementación de programas de cooperación internacional y desarrollo comunitario, sobre todo en la región de Latinoamérica. Además, es uno de los coordinadores de Aprender Sin Miedo, un informe global sobre violencia escolar.

- ¿Qué medidas está aplicando la campaña ‘Aprender sin miedo’ para erradicar la violencia escolar?

A través de la campaña queremos aumentar el conocimiento sobre la problemática de la violencia escolar mediante un estudio que analiza la situación en 66 países. Con esta iniciativa pretendemos llegar a todo el público en general, aunque de manera especial al Gobierno y los centros educativos.

También deseamos que este proyecto sirva para llegar a acuerdos con las diferentes partes implicadas que faciliten el trabajo conjunto con el objeto de reducir este problema, ya sea mejorando los marcos legales o trabajando de manera cooperativa con los padres, familiares y niños para cambiar la cultura interna de las propias escuelas. Nosotros creemos que el hecho de trabajar con los propios alumnos es la base del éxito, para que sean conscientes de que las situaciones de violencia no las deben asumir como un hecho que hay que aceptar, sino como algo que está mal y tiene solución.

- ¿Considera que las medidas para combatir la violencia de los menores deben salir desde dentro de la escuela?

Sí, es muy importante trabajar directamente con su entorno (profesores, padres de familia, autoridades escolares) y con ellos mismos con el fin de crear una escuela mejor. Desde la escuela es preciso que se trabaje mucho la autoestima de los jóvenes, para que ellos mismos puedan actuar cuando es necesario.

Además, considero fundamental establecer procesos y leyes que faciliten a las víctimas poder denunciar los hechos violentos, asi como recibir la atención necesaria.

- El tema del ‘bullying’ se ha “puesto de moda” hace pocos años, pero ¿cree que la violencia escolar ha aumentado en los últimos años o es una realidad que siempre ha existido?

No se sabe a ciencia cierta si ha aumentado el número de casos, pero lo que sí es cierto es que son problemas que se han visto afectados por “la cultura del silencio”, que son situaciones que existen y todo el mundo las conoce, pero nadie quiere hablar de ellas y mucho menos trabajar para que se resuelvan.

Y lo que ha pasado ahora es que esta “cultura del silencio” se está abriendo y parece que se están dando más casos, pero esto en realidad no es así. Otra de las consecuencias de esta apertura es que ahora se está percibiendo el ‘bullying’ como un problema no solo de los países subdesarrollados, sino como un problema más generalizado que nos puede afectar a todos.

- ¿Cree que los medios han provocado una alarma social injustificada en este tema?

No, creo que la alarma que se ha producido no es para nada injustificada. Es más, creo que es muy importante que los medios de comunicación se centren sobre este tema porque pueden ayudarnos a solucionar el problema. Sin duda, es imprescindible que se trate con seriedad y nada de sensacionalismo, aunque hay algunos medios que no lo respetan.

Es esencial que se aborden este tipo de situaciones, aunque no nos gusta escucharlas, porque es necesario que se conozcan, como por ejemplo, el hecho de que el abandono escolar, a veces está relacionado directamente con episodios de violencia.

- ¿Qué opinión le merecen países como Corea, Francia o Estados Unidos que permiten legalmente a los maestros golpear a sus alumnos?

Actualmente, hay 90 países que no tienen expresamente prohibido el castigo físico a sus alumnos porque aún no se ha generado una conciencia generalizada de que eso no se puede tolerar. Hay que seguir trabajando muy duro para que esto no suceda, pero estoy convencido de que llegará un momento en el que todos los países se unan para luchar contra la violencia escolar.

- Con el desarrollo de las nuevas tecnologías, hay nuevas formas de abuso, por ejemplo el ‘ciber bulling’. ¿Cree que Internet es una amenaza para que aumente la violencia escolar?

Internet puede ser una herramienta muy negativa o positiva, según el uso que se haga de la Red. Realmente lo que hay detrás es un problema social que se va expresando a través de la tecnología existente. Personalmente confio mucho en las políticas de protección de niños, que nosotros como organización tenemos una, como herramienta para enseñarles el correcto uso de imágenes, Internet, etc. Sin embargo, el papel de los padres es muy importante y se debe reforzar en ellos el conocimiento acerca de ese mundo y crear una conciencia que les permita saber cuando sus niños corren peligro y saber como reaccionar para ofrecerles la ayuda y el asesoramiento adecuado.

- ¿Qué consecuencias puede tener en los niños la violencia escolar?

Sobre todo se produce un enorme impacto psicológico en el menor, especialmente en lo que se refiere a la autoestima. Además, es frecuente que personas que han recibido abusos por sus compañeros, profesores o familiares sean más propicios al aislamiento social y tenga más posibilidades de convertirse en una persona violenta, pues está comprobado que muchos adultos que usan métodos violentos han experimentado abusos y maltratos siendo niños.

A nivel global, estos episodios tienen consecuencia en el rendimiento en el colegio, con un aumento del abandono escolar, aspecto muy preocupante, especialmente en los países en vías de desarrollo.

- ¿Cuál debe ser la posición de las instituciones para controlar la violencia escolar?

Todos los Gobiernos tienen su parte de responsabilidad y deben valorar y analizar individualmente como está el asunto en su país para así tomar medidas, pues es un problema muy grave. En lo que respecta al plano internacional, creo que es un momento muy adecuado para llamar la atención a los Gobiernos para que sigan destinando los recursos necesarios a los procesos de desarrollo de los países más pobres del mundo.

Extraído de http://www.libertadbalear.com/?p=149497

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miércoles 18 de marzo de 2009

Cortos ganadores del Concurso de Cortos convocado por el Ministerio de Igualdad

El Ministerio de Trabajo y Asuntos Sociales, a través de la Delegación Especial del Gobierno Contra la Violencia sobre la Mujer y el Ministerio de Educación y Ciencia, convocan el I Concurso de Guiones para cortos “Menos es más. Cine para ser la voz de quienes callan. Contra la violencia sobre la mujer: Educación”. El objetivo del premio es utilizar el cine como herramienta de prevención de la violencia de género.






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Un estudio evidencia que las denuncias por malos tratos crecen según recursos que se ponen a disposición de las mujeres

El estudio 'La violencia de género y doméstica en Extremadura (1990-2002). Análisis del fenómeno delictivo en las sentencias penales' deja en evidencia que las denuncias por malos tratos en la región han ido creciendo en la medida que se han ido poniendo más recursos a disposición de las mujeres maltratadas, aunque eso no quiere decir que hayan aumentado los casos de violencia doméstica.

Ésta es una de las principales conclusiones de este libro que fue presentado hoy en la Casa de la Mujer de Cáceres y que fue encargado por el Instituto de la Mujer de Extremadura, (IMEX), cuya directora, María José Pulido, señaló a los medios de comunicación que el estudio recoge la evolución de las sentencias judiciales que se han ido dictando en la región en esos doce años de estudio y que son analizadas en todos sus fenómenos, y avanzó que se está elaborando un segundo tomo para el período de 2002 hasta la actualidad.

El fiscal superior de Extremadura, Aurelio Blanco, y el director del equipo que ha realizado el estudio, Joaquín Cuello, acompañaron a Pulido en la presentación de este estudio en el que se han consultado 105.000 casos penales, según indicó Blanco, de los que 5.390 se han vinculado al fenómeno de la violencia de género y doméstica, lo que arroja una media anual de 415 casos.

De este dato se desprende que el 5,13 por ciento de los asuntos judiciales objeto de sentencia penal está relacionado con la violencia de género y doméstica y del total de 5.390 casos, 3.266 hechos se cometieron en la provincia de Badajoz y 2.124 en la de Cáceres.

Otra de las conclusiones del estudio, según aseveró el autor de la obra, es que el incremento progresivo de supuestos de violencia de género se ha producido paralelo al endurecimiento de las penas mediante las sucesivas reformas del Código Penal, y que los hechos con relevancia penal se concentran en el ámbito de los delitos y faltas de lesiones, maltrato, amenazas e injurias, seguidas a cierta distancia por coacciones y vejaciones injustas leves.

Cuello aseguró también que "seguramente como consecuencia de una mayor sensibilización ante este fenómeno de la sociedad en general y de la judicatura en particular, se aprecia año a año un incremento en el porcentaje de condenas sobre el total de causas incoadas". Desglosando los datos se observa un porcentaje sensiblemente superior de condenas en Cáceres (52%) frente a Badajoz (45%).

En otro apartado de las conclusiones de este estudio, y comparando el índice de absoluciones y condenas entre jueces y magistrados ponentes del sexo masculino y femenino, se asegura que "se aprecia una actitud más permisiva de la mujer, como juez, en el enjuiciamiento de este tipo de delitos, aun cuando no resulta muy significativa en términos porcentuales", agrega.

PERFIL DEL AGRESOR.

Además, también según manifestó Pulido se evidencia en el estudio que "el perfil del autor de la violencia doméstica sigue siendo mayoritariamente un hombre", ya que en el 88% de los casos el agresor es un hombre, frente al 12 por ciento de los casos que se trata de una mujer, ya que a lo largo de los trece años de estudio, el número de conductas violentas masculinas se eleva a 4.021 y la de la mujer no sobrepasa los 493 casos.

Por lo que respecta a la edad del autor de la agresión, el estudio revela que "se aprecia un ligero incremento delictivo conforme aumenta la edad del autor" y en relación a la ingesta de alguna sustancia nociva, se observa que "la presencia del alcohol es la más frecuente" y así se refleja en el 10% de las sentencias estudiadas.

Finalmente, el estudio constata que el domicilio familiar es el lugar más frecuente donde se produce la agresión y que "alrededor de una cuarta parte de los casos de violencia se producen cuando ya median trámites de separación o los cónyuges se encuentran separados" y "buena parte de los casos vienen acompañados de problemas con la custodia de los hijos".

Extraído de http://www.gentedigital.es/caceres/noticia/34022/un-estudio-evidencia-que-las-denuncias-por-malos-tratos-crecen-segun-recursos-que-se-ponen-a-disposicion-de-las-mujeres/

Equipo de Investigación.
Área Violencia Doméstica y Maltrato.

Instituto Europeo Campus Stellae.

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